La amistad en el matrimonio (testimonio)

 Presentación

A continuación ofrecemos el testimonio de Edelvino y Estela. Ellos como muchos matrimonio prepararon el terreno sobre el que querían edificar el matrimonio.

La idea es agregar otros testimonios para ayudar a encontrar algunas claves para que el matrimonio funcione.

Ofrezco también algunas ideas del Psicólogo John Gottman presentes en su libro: “Siete principios para que el matrimonio funcione”, allí expone una gran cantidad de elemento basados en experiencia de laboratorio y que son claves para el éxito en el matrimonio.

1. A pesar de los malos momentos, en las parejas felices siguen predominando la presencia de recuerdos positivos: “no son más listas, más ricas o más astutas psicologicamente que otras parejas. Pero en sus vidas cotidianas han adquirido una dinámica que impide que sus pensamientos y sentimientos negativos sobre el compañero, ahogen los positivos”.

2. Es una idea errónea pensar que las parejas felices no se pelean o tienen discusiones. Las parejas exitosas tienen una forma distintiva de discutir, que evita que dichas peleas erosionen la relación de pareja.

3. Tienen la confianza para platicar acerca de sus temores, alegrías, sueños, anhelos, proyectos, etc. Saben que son escuchados por el otro y que realmente recibirán apoyo de su pareja. En este sentido, se destaca tres elementos que también están presentes en las relaciones de amistad: el respecto, el afecto y la empatía.

Creo que estos elementos están presentes en el testimonio ofrecido a continuación.


Edelvino y Estela – 34 años de casados – 1 hijo

Nuestra amistad se fue gestando en el noviazgo, empezamos a salir y notamos quenovios1 a ambos nos gustaba estar a solas, caminábamos o íbamos a tomar algo a un lugar donde no había tanta gente alrededor, pasábamos horas charlando de todo un poco y así nos fuimos conociendo y “domesticando” mutuamente, lo cual nos posibilitó llegar al Matrimonio con la seguridad de que “éramos el uno para el otro”, puesto que ya conocíamos nuestros gustos, nuestros anhelos y nuestras diferencias… aunque no todos los defectos, y de ese modo fuimos proyectando nuestro futuro juntos… con muchas cosas para compartir y con otras… que iríamos definiendo a medida que conviviéramos. Teníamos muchísimas ilusiones y sobre todo, la confianza en que nuestro amor iba a ser para toda la vida, en eso no teníamos dudas, porque conocíamos los valores que cada uno traía de sus familias, por ello la unidad, la fidelidad y la indisolubilidad eran para nosotros, características propias del matrimonio.

Hoy si sumamos los seis años de noviazgo, llevamos cuarenta años de diálogo y tiempo compartido juntos, siempre de a dos, llegando a saber lo que piensa el otro sobre tal o cual tema, qué decisión ha de tomar ante cualquier adversidad y también cómo va a actuar respecto a tal o cual situación. Podemos decir que como esposos somos los MEJORES AMIGOS, no podemos llegar al final del día sin transmitir al otro lo que cada uno ha vivido y/o le ha pasado durante el día. No podemos acostarnos sin antes haber “aclarado” algún malentendido o algún imprevisto del día. Esto nos permite reconocer los errores (aunque a veces nos cuesta decir al otro “tenés razón”) y también reírnos mucho.

La convivencia en el matrimonio no es ni fácil ni tan simple como comer y dormir juntos. En nuestro caso, cuando nos casamos nos alejamos 800 km de nuestras familias de origen, por trabajo y para continuar estudiando; entonces cuando discutíamos, no teníamos ningún “refugio familiar” para escapar a consolarnos o protegernos. Hoy vemos que esto fue muy bueno porque NO permitió que nadie interfiera en nuestra relación de esposos y en nuestra convivencia diaria. SOLOS tuvimos que aprender a “solucionar” de la forma que pudiéramos o tuviéramos a nuestro alcance. Esto nos hizo madurar mucho y fue la AMISTAD el gran motor de nuestras vidas como esposos, aprendimos a ayudarnos mutuamente en todo y en cada situación que nos tocaba vivir, siempre estaba el otro al lado para acompañar y sostener. Nos hemos domesticado tanto que hoy nosotros “no somos el uno sin el otro”.

Creemos que nuestra Amistad fue posible gracias al DIÁLOGO abierto y sincero que iniciamos con el noviazgo, lo que nos fue dando CONFIANZA del uno hacia el otro, nos fue permitiendo CONOCER no sólo las virtudes sino también los defectos de cada uno y ello nos hizo CRECER y MADURAR juntos … Aprendimos a TOLERAR nuestras diferencias, y ACEPTAR las que son imposible de cambiar, ejercitando nuestra PACIENCIA, y agregándole varias cuotas de HUMOR, ya que somos distintos no sólo por el hecho de ser VARON y MUJER, sino también en la forma de amar, de pensar, de actuar, y también de orar. Y gracias a estas diferencias nos mantenemos alejados de la rutina. Nos gusta compartir todo, y nos divertimos mucho contando y reviviendo las situaciones adversas por las que tuvimos que pasar, de paso continuamos “limando asperezas” que quedaron de algunas incomprensiones familiares.

amor1Ahora estamos en la etapa del “Amor maduro” y de la “Amistad plena”, seguimos quejándonos de nuestros defectos y alabando nuestras virtudes, y como la memoria nos permite olvidar… sufrimos menos y nos reímos más. Y aunque parezca increíble “nos sentimos felices” porque el tiempo compartido, con alegrías y tristezas, con aciertos y errores, nos ha hecho transparentes, nos ha unido cada vez más y nos ha fundido en el matrimonio: “Ya no somos dos, sino uno solo”.

Vale decir: “La tristeza compartida es menos tristeza… y la alegría compartida es doble alegría”. Y como dice El Principito: “no se ve bien, sino con el corazón”; “lo esencial es invisible a los ojos”.

 

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