El matrimonio “un pesebre para Jesús”

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Introducción

A diario nos encontramos con situaciones matrimoniales muy comprometidas. Esposos o esposas que viven su matrimonio como “un infierno”, una realidad sin esperanza, un camino que no lleva a ningún lado.

Pero también tenemos muchos matrimonios que luchas verdaderamente para que Cristo Reine en el hogar, ellos son un testimonio de que el proyecto del amor de Dios es posible y realizable.

Siendo Cristo el fundamento del matrimonio, ¿cuál espiritualidad puede expresar el proyecto de Dios sobre el matrimonio y la familia?

Trabajar por lo importante – esperar el Reino

El matrimonio es la prolongación de la Comunión Trinitaria. El varón y la mujer hechos a “imagen y semejanza” de Dios, son lo más noble de su creación y es Dios mismo el que “mantiene su Palabra” de hacer posible lo que parecería haber destruido el pecado original. Esta definitiva “Palabra de Dios” inicia su pedagogía en la Encarnación y se confirma en su Pasión-Muerte y Resurrección. De parte de Dios está garantizada su gracia para responder a la vocación del amor matrimonial. Hará falta el compromiso, la palabra y el esfuerzo perseverante de cada matrimonio para construir lo que el Amor ha Redimido.

Pero ¿Cómo puede comprender y vivir este profundo misterio teológico el matrimonio que diariamente está sacudido por el viento de las dificultades cotidianas? ¿No es un poco idealista pensar que una auténtica espiritualidad matrimonial puede hacer frente a tantos desafíos a los que se ven expuestos los esposos?

Podemos recordar la narración del diálogo de Jesús con el joven rico de Lc. 18, 18-25, cuando termina de explicar que la seguridad dada por la riqueza es contradictoria con el Reino de los cielos le preguntan: “¿y quién podrá salvarse?” Y Jesús responde: “Lo imposible para los hombres es posible para Dios”. Esto supone que el matrimonio haga de Dios y su Reino la principal riqueza de sus vidas. A partir de este fundamento “la tarea” es cotidiana, la plena confianza en Dios no significa que ya está todo hecho. Para decirlo de alguna manera: “está todo dado, pero hay que hacerlo todo”.

Confianza en la Providencia Divina

imagesTIOPPV5YUn texto del evangelio de Mateo nos puede ayudar a profundizar esta reflexión. Es el conocido relato de la invitación a vivir la Providencia Divina. Aquí se exalta la virtud de la confianza en Dios. Es propio, en la psicología humana, que la persona adulta tenga desarrollada una necesaria confianza en sí misma, que en la niñez está depositada en los adultos, particularmente en los padres. En la pedagogía de Dios la adultez espiritual está anclada en la virtud de la confianza propia del niño: Les aseguro que si ustedes no cambian o no se hacen como niños, no entrarán en el Reino de los Cielos” Mt. 18,3. No hay aquí una contradicción. Es necesario que como adultos tengamos la capacidad de confiar en nosotros mismos, de hacernos cargo de nuestros actos de hacernos responsables de otros. Pero, en la vida espiritual esta adultez necesitará desarrollar la confianza del niño en Dios su Padre, indispensable para que la vida no quede atrapada en la transitoriedad de lo superficial.

La confianza en la Providencia Mt. 6, 25-34

d“Por eso les digo: No se inquieten por su vida, pensando qué van a comer, ni por su cuerpo, pensando con qué se van a vestir. ¿No vale acaso más la vida que la comida y el cuerpo más que el vestido? Miren los pájaros del cielo: ellos no siembran ni cosechan, ni acumulan en graneros, y sin embargo, el Padre que está en el cielo los alimenta. ¿No valen ustedes acaso más que ellos? ¿Quién de ustedes, por mucho que se inquiete, puede añadir un solo instante al tiempo de su vida? ¿Y por qué se inquietan por el vestido? Miren los lirios del campo, cómo van creciendo sin fatigarse ni tejer. Yo les aseguro que ni Salomón, en el esplendor de su gloria, se vistió como uno de ellos. Si Dios viste así la hierba de los campos, que hoy existe y mañana será echada al fuego, ¡Cuánto más hará por ustedes, hombres de poca fe! No se inquieten entonces, diciendo: “¿Qué comeremos, qué beberemos, o con qué nos vestiremos?”. Son los paganos los que van detrás de estas cosas. El Padre que está en el cielo sabe bien que ustedes las necesitan. Busquen primero el Reino y su justicia, y todo lo demás se les dará por añadidura. No se inquieten por el día de mañana; el mañana se inquietará por sí mismo. A cada día le basta su aflicción”.

La confianza un camino de conversión.

Lo primero que tenemos que decir partiendo de este texto es que, Cristo no está fomentando la irresponsabilidad frente a nuestros compromisos humanos o al abandono de quienes tenemos bajo nuestro cuidado. La absoluta confianza en la providencia de Dios no deja de lado nuestra participación responsable en lo cotidiano.

Muchos matrimonios piensan de una manera desproporcionada en las seguridades materiales. La sociedad de consumo invita a exaltar de un modo exagerado la posesión de bienes que muchas veces son demasiado superficiales. Tantos matrimonios entran en crisis por cuestiones económicas. En algunos casos, porque se ven afectadas las seguridades básicas del hogar y en muchos falta lo indispensable. En otras situaciones la desmedida búsqueda de cosas materiales, que nunca parecen ser suficientes, impactan en lo más profundo de la relación matrimonial y familiar. Y en algunos casos se llega a la ruptura del matrimonio. Son las situaciones en las que: lo buscado como “seguridad” se transforma en un agente corrosivo para el matrimonio.

La miopía crónica, fruto de la falta de fe.

La espiritualidad del matrimonio consiste en hacerle un espacio cada día más grande al Reino de los Cielos. Allí está la verdadera riqueza que se construye “mirando” más allá de lo superficial. Es Jesús el que nos invita: “Miren…”, no sean miopes, no pierdan de vista lo esencial, nadie puede por muchas seguridades humanas prolongarse en lo transitorio. “¿Quién de ustedes, por mucho que se inquiete, puede añadir un solo instante al tiempo de su vida?”

La virtud de la confianza esta injertada en la virtud de la Fe. El reproche de Cristo aplicado al matrimonio es justo: la desproporción entre el cuidado y desarrollo de la vida espiritual frente al desarrollo y cuidado de lo cotidianamente necesario, en muchos esposos es simplemente desproporcionado. Por lo que Cristo invita a tomar conciencia: “¡cuánto más hará por ustedes (el Padre…), hombres de poca fe! No se inquieten entonces, diciendo: “¿Qué comeremos, qué beberemos, o con qué nos vestiremos?”. Son los paganos los que van detrás de estas cosas”. Esta es la diferencia “testimonial” entre un matrimonio que vive la fe y un matrimonio simplemente pagano, que pone su seguridad sólo en lo material.

El Reino de Dios y su Justicia.

“Busquen primero el Reino y su justicia, y todo lo demás se les dará por añadidura”.

El Reino de Dios: No es sino el mismo Cristo que espera ser descubierto en cónyuge. Ele Reino no está fuera sino en lo más profundo de cada uno. En el matrimonio la búsqueda de este Reino espera ser descubierto en “el otro”. Jesús mismo lo pone al nivel de PRIORIDAD. Lo primero es esta búsqueda que mira más allá de las superficiales limitaciones humanas del cónyuge y que se hace espera sorprendente de Cristo.

Su justicia: Es salir de la actitud infantil del egoísmo. Lo justo es siempre “el bien del cónyuge”. La justicia de la vida matrimonial combina eficientemente el derecho de ser feliz en el matrimonio y la obligación de hacer feliz al cónyuge. El matrimonio es un camino a la felicidad. Es un camino en el que el cónyuge no es arrastrado sino atraído por al amor de Dios. Esta “encarnación” del amor de Dios está presente en el “pesebre” del cónyuge. La justicia en la vida de los esposos será recibir y permitir ser recibido en la interioridad del ser amado.

Conclusión

El camino de la confianza en la Divina providencia es un ejercicio humilde y atento. Mira al “ser amado” como canal por el que Dios provee al cónyuge el sentido de la vida y el justo orden entre lo transitorio y lo permanente.

El maravilloso testimonio de María y José muestra que la apertura del corazón al proyecto de Dios alcanza mucho más allá de los límites de nuestras fragilidades.

Si el matrimonio cristiano quiere ser fermento de un mundo mejor, será por el camino de la fe confiada, de la humildad atenta y una autentica vida espiritual.

¡Quién Dios a puesto a mi lado es el regalo más rico de su Providencia!

Pbro. Daniel Varayoud
Baltimore 2014
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